jueves, 6 de noviembre de 2014

La Oscilación



Un péndulo oscila hacia un lado y hacia el otro lado. Cuanto más hacia uno, tanto más hacia el otro. De esa manera su oscilación se equlibra. Para que un péndulo continúe en movimiento necesita un impulso. Si lo detenemos al mismo tiempo detenemos la oscilación hacia ambos lados. Sin embargo, es suficiente detener uno solo.

La oscilación de un péndulo es una desviación del centro, independientemente del lado hacia el cual oscila. Toda oscilación se ha movido de manera equidistante de su centrol. En el centro, la oscilación hacia ambos lados se acaba. En el centro el péndulo queda quieto.
¿Finalmente, qué ha logrado un péndulo con su oscilación? ¿Acaso al final cada oscilación no retorna al centro? ¿Qué queda de su huida del centro? El agotamiento. Más lejos y por más tiempo no va. Así es finalmente con todo lo que impulsamos. Luego de un tiempo se vuelve menos y se acaba, como un reloj que se detiene.


¿También se acaba el centro?

Él se impone.
¿Cómo?
Permaneciendo. Todo lo esencial descansa en el centro, en un centro profundo. Cuanto más profundo, más quieto, quieto como el infinito.
¿Cómo llegamos a ese centro? ¿Cómo permanecemos en él?
Sin oscilar, ni hacia un lado ni hacia el otro. En el centro ambos lados se acaban y se vuelven profundos.
¿Cuán profundos?
Permanentemente profundos.


Bert Hellinger
Plenitud
La mirada del Nahual